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¿A quién de pequeño, e incluso de mayor, no le ha gustado sumergirse aunque fuera en una piscina para ver todo lo que había bajo el agua? La apnea o buceo a pulmón permite descubrir el mundo submarino, una fuente inagotable de belleza, animales en libertad, tranquilidad y experiencias inolvidables.

La apnea se divide básicamente en seis grandes categorías (sin contar con las diversas variantes de cada una), que son muy diferentes entre sí y que se desarrollan a partir de diversas técnicas y capacidades físicas. Algunos competidores detentan actualmente el récord de más de una modalidad.

La apnea estática. Consiste en medir el tiempo que el participante puede permanecer bajo el agua habiendo inhalado aire normal.

Apnea dinámica. En esta modalidad se mide la máxima distancia que se puede recorrer bajo el agua.

La apnea libre. Consiste en realizar el descenso sin aletas impulsándose mediante una cuerda para descender y ascender.

Peso constante. Consiste en alcanzar la máxima profundidad posible con la única ayuda motora de las aletas y con un lastre fijo. Es decir, hay que subir con el mismo peso con el que se inició la inmersión. Debido a esto, los deportistas suelen utilizar muy poco lastre lo que dificulta enormemente el descenso, sobre todo durante los primeros metros.

En esta categoría hay que tener muy presente la profundidad y sus múltiples consecuencias. Los trajes de neopreno usados tienen una gran flotabilidad ya que están compuestos, básicamente, por goma con celdillas estancas de aire. El aumento de la presión es muy rápido, por lo que a una cierta profundidad el aire de las celdillas se comprime, perdiendo su flotabilidad positiva.

Por ésta y otras razones, se considera al peso constante la modalidad más competitiva y difícil. Se suele realizar la inmersión siguiendo la trayectoria de un cable tenso en cuyo extremo se encuentra una pequeña placa metálica indicando la profundidad.

Peso variable. En la primera se permite descender con un peso diferente al del ascenso. Es posible dejar en el fondo un total de treinta kilos, para conseguir realizar un descenso más rápido y una subida a superficie más fácil aunque siempre con la única ayuda de las aletas. Aquí cobra una especial importancia la adaptación al medio y a la profundidad, que constituye el principal problema a batir.

No Limits. Es, sin duda, la más espectacular, peligrosa y controvertida de las modalidades. El nombre mismo explica las reglas a seguir: sin límites. Todo vale con tal de alcanzar la máxima profundidad en una sola inspiración de aire normal. El apneista puede bajar con la cantidad de peso que desee y subir libre de tal peso. Además están permitidos globos hinchables que le suban a gran velocidad. El lastre suele tener forma de una pesada barra metálica en la que los deportistas se pueden sujetar fácilmente y que baja por un cable que llega a grandes profundidades.

Esta modalidad, debido a las grandes profundidades en las que se trabaja, conlleva grandes peligros que varias veces se han cobrado víctimas. Más aún existiendo una rivalidad como la de estos momentos entre Pipín y Pelizzari, que ya han pasado a formar parte de la leyenda subacuática.

Estos dos deportistas, apoyados por un sólido y numeroso equipo de profesionales y medios, mantienen un toma y daca que provoca un libro de récords más que actualizado, sobre todo, en estas tres últimas categorías. Ambos deportistas están siendo estudiados a fondo por especialistas que han comprobado con sorpresa que en muchas características superan a algunos mamíferos marinos.

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Durante le buceo entramos en un medio totalmente inhóspito para el hombre.

Nuestros pulmones no fueron diseñados para respirar en el agua. Por eso, necesitamos llevar un suministro suficiente de aire para permanecer sumergidos en este medio.

Es de suma importancia que este aire esté libre de contaminantes peligrosos que puedan presentar problemas al buzo o causar daños a los equipos. Una medida a tomar antes de realizar la inmersión es exigir el certificado de calidad del aire.

Antes de salir del centro de buceo lo ideal es efectuar una prueba de sabor. El aire de un tanque no debe tener olor ni sabor.

Para acabar de cerciorarse de que todo está en orden es conveniente también investigar el tamaño de los botes, si el operador tiene oxígeno en sitio y si cuenta con un programa de mantenimiento de sus equipos.

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El submarinismo se puso de moda a finales de los años sesenta. El interés por conocer la naturaleza llevó a muchos deportistas a sumergirse bajo las aguas para disfrutar de la paz y el silencio. Hoy en día, personas de todas las edades se olvidan del estrés disfrutando del equilibrio y la belleza del mundo subacuático.

Aunque la ficción de las películas incita a temer a los animales marinos, ellos son los que deben temer al hombre. La vida salvaje que reina bajo el agua no tiene conciencia del peligro que supone la inmersión del ser humano en su microcosmos. Por eso, vive y deja vivir. Contrariamente a lo que propagan los medios de comunicación es más peligroso para un tiburón acercarse a un hombre que para el hombre acercarse al tiburón.

Bajo el mar reina la belleza por la flora, la fauna y los míticos tesoros de barcos hundidos que componen su paisaje. Pero éstos son solo algunos de los alicientes de un deporte poco arriesgado. En algunas escuelas se le ha denominado “el deporte de los abuelitos” por la cantidad de personas de la tercera edad que deciden enriquecer su ocio gozando de la ingravidez subacuática.

La práctica del buceo no requiere estar en forma ni exige grandes habilidades deportivas del principiante. Además del privilegio de disfrutar de un caleidoscopio natural, el submarinismo aporta un sentimiento de libertad de movimientos y ligereza que relaja al más estresado.

Al agua, patos
Para abrir boca lo ideal es tomar unas gafas y un tubo y realizar pequeñas inmersiones en alguna zona donde estén situados bancos de peces cerca de la superficie. Este pequeño vistazo puede servir para sentirse arrastrado a las profundidades en busca de nuevas especies.

Una vez seducidos por la belleza submarina, es necesario recurrir a un buen monitor que nos proporcione el equipo adecuado. Un traje húmedo de neopreno, un regulador, unas aletas, un tanque y un chaleco compensador servirán para iniciarse en la aventura de bucear. Cerca de nuestras costas se multiplican los centros dedicados al aprendizaje. Aunque los más atrevidos pueden empezar a probar suerte en algún país exótico y toparse en sus primeras inmersiones con un tiburón blanco, por ejemplo.

Como cualquier disciplina deportiva, el submarinismo reúne en torno a sí a un montón de fieles unidos por una causa común. Dichos grupos a menudo participan en cuestiones importantes como el proyecto A.W.E.R.E. Este tiene como objetivo concienciar de la importancia del respeto al medio y la limpieza de las playas.

Compañeros de viaje
Aunque conviene bucear siempre en grupo para mayor seguridad, el submarinista nunca está solo. Bajo las aguas le rodea una danza multicolor. Los peces arrecifales son los grandes protagonistas por su belleza y colorido. Estos habitantes de los arrecifes coralinos sorprenden al visitante con su excepcional comportamiento. Aspectos como la alimentación, el camuflaje, el reconocimiento de congéneres o la reproducción son objeto de interés para cualquiera que los conozca cara a cara.

Algunos como los meros, las barracudas o las langostas propician la actividad pesquera de la zona. Otros como los jardineros mantienen la altura de los corales a raya y los peces loras convierten los corales con sus picos en la suave arena arrecifal.

Fondos marinos
Otra de las curiosidades que entraña el mundo marino es la arquitectura formada por los corales pétreos. Estos secretan un esqueleto externo formado por cristalitos de carbonato de calcio que son la base de las más grandes edificaciones construidas por los seres vivos. La visión de los arrecifes de coral enriquecidos con algas y conchas impresiona al viajero ocasional emulándole a convertirse en visitante habitual.

El equilibrio de este submundo marino se ve a veces turbado por el turismo excesivo y desordenado. Los buceadores como grandes conocedores de su enigmática belleza luchan por preservarlo. Es un tesoro inestimable que invita a sumergirse en un universo soñado.