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El llamado codo de tenis es una lesión muy común entre los habituales de los deportes de raqueta. Esta inflamación de los tendones del codo suele venir provocada por una excesiva tensión de las cuerdas de la raqueta, un mango inapropiado o la falta de calentamiento.

Se manifiesta con un dolor en la cara exterior del codo o epicóndilo, un punto donde se insertan los músculos extensores de los dedos y la muñeca. La molestia puede extenderse al brazo y antebrazo, e impedir movimientos sencillos y cotidianos.

Suele darse con mayor frecuencia entre los se acercan de forma ocasional a este tipo de deportes, ya que en su mayoría adolecen de una buena técnica a la hora de golpear la pelota. Aunque afecta más a los mayores de 40 años, son víctimas de esta dolencia el 45% de los que practican a diario y el 25% de quienes se lanzan a la raqueta una o dos veces por semana.

Para prevenir esta lesión conviene tener muy en cuenta las dimensiones del mango de la raqueta. Lo recomendable es su perímetro mida lo mismo que la distancia existente entre la palma y el extremo del tercer dedo de la mano que golpea.

Como medida de urgencia, lo fisioterapeutas recomiendan aplicarse un masaje con un vaso de agua helada, sin que éste entre en contacto con la piel, durante las primeras 48 horas. Pasado este tiempo, conviene darse calor local y mantenerlo en reposo. Dar un apretón de manos sin sentir dolor es un claro síntoma de mejoría.

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Muchas mujeres de este país se sienten un poco olvidadas cuando el espectáculo rey, o el deporte rey, hace acto de presencia en las vidas de sus parejas. Otras, sin embargo, lo llegan a comprender porque defienden con pasión los colores de su equipo. Más que un deporte, el fútbol se ha convertido en un fenómeno sociológico digno de estudio.

Se podría decir que este deporte tiene cientos de caras que en nada están relacionadas con la famosa frase ment sana in corpore sano y es, sobre todo, una rentable actividad empresarial en la que se manejan grandes cantidades de dinero. Para muchos es el fenómeno social y económico más representativo y simbólico de nuestra época.

Lesiones de futbolista
Pero al margen de estas consideraciones, no se puede olvidar que se trata de un deporte, y que quien quiera practicarlo ha de estar, más o menos, en buena forma física. El fútbol es un deporte de contacto que exige unas determinadas condiciones fisiológicas a sus participantes. Las lesiones son frecuentes por la velocidad que marca el juego, las fricciones, colisiones y esfuerzos que conlleva.

La mayoría de estos percances son contusiones como consecuencia de un impacto traumático directo y se resuelven sin complicaciones, en poco tiempo. La mayoría de las lesiones que se producen jugando al fútbol son esguinces, un 36%. Siguiendo un orden de frecuencia, a estas lesiones le preceden las de ingle, cadera y muslo, con un porcentaje de frecuencia del 20%, seguidas de las de rodilla, con una frecuencia de un 15 y un 20% y las de piernas, con un 12%.

Por tipo de lesiones, las que más se producen son las ligamentosas, que representan un tercio de todas las que se realizan. Hay que señalar que los esguinces de rodilla y tobillo son responsables, en ocasiones, de secuelas crónicas como la inestabilidad articular.

La función del entrenador
Los defectos de entrenamiento pueden ocasionar también lesiones, aunque menos severas. Las más habituales suelen ser las que afectan al músculo cuadripces y a los adductores. Por su parte, las fracturas y luxaciones tienen escasa incidencia, generalmente son más frecuentes en las extremidades superiores. Las lesiones por sobrecarga son también importantes por su frecuencia, generalmente se trata de tendinitis y distensiones musculares.

El entrenador tiene una labor clave a la hora de preparar al futbolista y no para ganar sino para que juegue bien y evite lesiones que podrían revestir cierta gravedad. Esta labor de entrenamiento es fundamental sobre todo en las primeras etapas de aprendizaje. El tener poca flexibilidad, potencia muscular no equilibrada y no cuidar y rehabilitar en condiciones una lesión antigua, son factores que predisponen al deportista a padecer una de las lesiones más temibles en el fútbol, a la que llaman la triada desgraciada.

Se trata de una rotura del menisco interno, de los ligamentos cruzados anterior y lateral interno. Para los futbolistas profesionales que la padecían hace unos años, podría ser motivo de abandono. Hoy en día, con las técnicas quirúrgicas que existen, ya no es tan dramático el resultado final.

Un dato revelador y poco conocido sobre la práctica de este deporte entre los deportistas de elite, es que un 81% sufre, en mayor o menor grado, déficit de atención y concentración, la mayoría a causa de traumatismos repetidos sobre el cerebro al despejar el balón con la cabeza. Este tipo de alteraciones es bien conocida en el boxeo, aunque a otros niveles más fuertes y graves.